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El cine en los tiempos de la piratería...


El Cine en los tiempos de la piratería
(publicado por primera vez en el #7 de Esquina Literaria marzo de 2015) 
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Con los sitios de descarga de películas cada vez más perseguidos por los defensores del derecho de autor en el mundo, el tema de la piratería no deja de estar nunca de moda. Pero, ¿a quien beneficia la infinita lucha contra la piratería? y ¿a quién beneficia la piratería misma? ¿Por qué se habla constantemente de los derechos del autor y nunca se habla de los derechos del consumidor? Porque sí, el consumidor tiene derechos, tiene derecho a acceder a toda la oferta del cine mundial, tiene derecho a elegir qué ver, y dónde verlo. Las salas de cine actuales están pensadas para las grandes producciones, y a medida que avanzan técnica y tecnológicamente los cines que están alejados del polo industrial de Hollywood; léase ciertos cines europeos, asiáticos, latinoamericanos y africanos, es decir una gran porción del mundo; van quedando más lejos de poder acceder a complejos comerciales. Y terminan siendo exhibidos en salas marginales, casi de forma clandestina. Si a eso le sumamos que los estudios más importantes de Hollywood son los dueños de las patentes de los nuevos equipos de proyección digital y que le cobran a las salas una cuota cada vez que exhiben una película que no pertenece a los grandes sellos, vemos que se intenta formar un monopolio que busca eliminar toda competencia. Es muy lindo pensar que en un mundo ideal la piratería no existiría simplemente porque no sería necesaria, y todos tendrían lugar en el mercado. Pero los únicos beneficiarios de terminar con la piratería son los grandes estudios cuyas películas son las únicas que se pueden ver en las salas de cine, y que casi nunca pierden dinero, mientras que las producciones independientes, cines de países fuera del circuito comercial, nuevos directores, documentalistas y demás; más interesados tal vez en que su arte sea visto y difundido, y no tanto en ganancias, están perdiendo probablemente su único público. Sé que este es un tema polémico, y ante todo quiero aclarar que no estoy a favor de la piratería, pero tampoco estoy a favor de los monopolios destructivos de la industria.

En los últimos dos años gran cantidad de sitios que ofrecían descarga gratuita de contenido multimedia han sido cerradas y sus administradores perseguidos penalmente, sobre todo en España, a partir de la polémica ley Sinde-Wert. Expertos españoles creen que detrás de esta ley hay responsabilidad directa de Estados Unidos, promotor principal de la lucha contra la piratería informática, porque España está señalado internacionalmente como el país de mayor incidencia de piratería. De hecho, según los estudios publicados, el 84% de todos los contenidos culturales que se adquieren en España son piratas.

El cine uruguayo...


El cine uruguayo
(publicado por primera vez en el #5 de Esquina Literaria noviembre de 2014)

 

Solo un cine en el mundo tiene tantos nacimientos, tantos orígenes registrados. En 1898 con el film Carrera de bicicletas en el velódromo de Arroyo Seco, cuando el cine era todavía exclusivamente documental; en 1923 cuando la película Almas de la costa se publicitaba como la primera producción nacional; en 1979 cuando El lugar del humo fue una vez más la primera película uruguaya y hasta en 1994 cuando El dirigible se presentó en Cannes como la obra fundacional del cine nacional. Tal vez sea por eso que el cine uruguayo tiene tan poco arraigo en el uruguayo. Tal vez por eso cada película uruguaya que se estrena en el cada vez más comercial circuito comercial tiene que pelearla como si fuera la primera. El cine uruguayo sufre, como tantas otras actividades en el país que no logran conformar una industria propia, de un maltrato por parte del mercado global, quedando a la zaga de otros países donde el cine es una verdadera industria. Así, cada película argentina que llega a nuestro mercado es festejada y celebrada como un gran éxito, y nuestras producciones se mueven en un circuito casi clandestino, donde no son consideradas ni por el público ni por la crítica. Mientras tanto, la película Mr. Kaplan sigue acumulando premios en cuanto festival existe, El lugar del hijo, ganadora en el festival de Gramado en Brasil, pasa sin pena ni gloria por las salas montevideanas, donde es vista por apenas mil personas, y Una noche sin luna, de Germán Tejeira ganó el premio a mejor película en el festival de Zurich. La discusión se puede trasladar a cualquier otro ámbito comercial, ¿es que no existe en el uruguayo la demanda por ver un cine propio y representativo o es que falta la oferta, variada e interesante que convoque al uruguayo? Es indudable que el cine debe ser rentable para que pueda subsistir. Según cifras oficiales el Uruguay es el principal país en Latinoamérica en cuanto a presupuesto cultural. Si a
eso le sumamos la creación de la Uruguay Film Commision and Promotion Office, una entidad encargada de promover al Uruguay como locación para producciones extranjeras y la sanción en el año 2008 de la ley 18284 que funda el Instituto del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ICAU) ¿podrá el cine nacional convertirse en un verdadero cine nacional y dejar de ser tan solo el esfuerzo de algunos pocos locos e idealistas que constantemente suplen la falta de recursos con inventiva e ingenio? Esperemos que sí.
 
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